Alimentar al bebé recién nacido con el calostro de mamá es vital para su buen desarrollo y fortalecer su sistema inmunológico. Es vital que en cuanto nazca y la madre recupera la conciencia lo amamante no sólo para desatar el vínculo madre e hijo, sino para proveerlo de los elementos que lo fortalecerán ante la vida.
El calostro es producido y segregado por la glándula mamaria aproximadamente durante los tres primeros días después del parto, es más espeso que la leche y de color amarillo claro, es una especie de suero, considerado el alimento perfecto para los primeros días de vida del bebé.
Su importancia radica en la cantidad de agua, proteínas, minerales y anticuerpos que lo protegen contra enfermedades a las que la madre haya desarrollado resistencia.
Entre los beneficios que genera están los siguientes:
- Facilita la eliminación del meconio, las primeras heces del bebé.
- Facilita la reproducción del lactobacilo bífido, bacteria predominante en el intestino del lactante que lo protege de los gérmenes patógenos.
- Los antioxidantes y las quinonas que contiene el calostro son necesarias para proteger al bebé del daño oxidativo y la enfermedad hemorrágica.
- Las inmunoglobulinas cubren el revestimiento interior inmaduro del tracto digestivo, previniendo la adherencia de bacterias, virus, parásitos y otros patógenos.
- Sirve de práctica al bebé para empezar a succionar la leche materna.
- Estimulan la maduración de los sistemas propios del niño.
De modo que con un poquito de paciencia hasta la subida de leche “definitiva”, el bebé en condiciones normales (nacimiento a término y saludable) no necesita otra cosa que esta leche para alimentarse adecuadamente. Ni la cantidad ni la composición son inadecuadas sino que se ajustan a los requerimientos del bebé.
El calostro es escaso pero suficiente, porque los bebés nacen con las “reservas” específicas a la espera de la subida de leche. El calostro le proporciona al recién nacido todo lo que necesita, algunos dicen que es como la primera vacuna del bebé y lo es.
